Afganistán. Crónicas de acogida. Camino a un nuevo hogar

En la tercera entrega de “Crónicas de Acogida” continuamos el proceso de llegada de las personas afganas refugiadas. Esta vez desde la Base de Torrejón de Ardoz hacia los nuevos hogares. Conocemos las primeras impresiones de las personas recién llegadas y de las técnicas en su encuentro.

Al llegar a la Base de Torrejón de Ardoz Soukaina, trabajadora social en uno de los centro de Cepaim en Cataluña, se planteó si realmente estaba en Madrid, “Fue un cambio total, no se escuchaba hablar en castellano,  incluso la ropa… Había mucha gente, trabajadoras, movimiento, muchos niños… Cuando entré… ¡Ostras!, me sorprendió”. A pesar de esto, Soukaina menciona que en todo momento ella y su compañera se sintieron ”muy acompañadas por el equipo de territorio, por Lorena, Raquel… Estar allí, junto a ellas, nos ayudó a creer en nuestro trabajo”.

“El momento más emotivo fue cuando Lorena nos presentó a las familias, ese primer contacto”, explica Soukaina y añade de una forma anecdótica en la que se refleja la forma de trabajar del equipo, que tenían muy claro que en el autobús organizarían a las familias por unidades, que tuvieran su espacio, que pudieran dormir, hablar entre ellas y que decidieran el lugar en el que querían dejar el equipaje en el autobús “porque pensamos: es lo único que les queda de su país.

Hujjat, el joven afgano al que conocíamos en la primera parte de esta crónica: “Al aterrizar estaba muy feliz porque ya por lo menos… Habíamos llegado. Todo fue perfecto en el campamento de Madrid, la gente… Todo fue perfecto de todos”. 

Muchos controles de seguridad, esa fue la primera impresión del equipo que llegó desde Castilla y León. Cuando llegaron a la Base Melanie y José Luis contactaron con la Cruz Roja, que era el enlace con las familias. Se presentaron como trabajadoras de Cepaim y en seguida llegaron las familias afganas con las que irían al nuevo hogar. 

Para Melanie fue de nuevo, como tantos otros, “un golpe de realidad: la vida en una mochila, sabiendo que las personas que estaban allí son las afortunadas, que habían podido salir sanas y salvas, con celeridad, incluso acompañadas por su familia más próxima… Ver tantos niños fue impactante”. A José Luis también le sorprendió la cantidad de niños y niñas en el campamento: “Estaban jugando a pesar de todo y gracias al juego se respiraba cierta normalidad”. 

Cuando los niños supieron cuál era el bus en el que irían a su nueva casa quisieron subir en seguida. “Si no hubiese sido porque el conductor tenía un descanso obligatorio, en 10-15 minutos hubiéramos salido de la Base, todo fue muy rápido”, comenta José Luis. 

“Pongo en valor las caras de amabilidad y que íbamos todos a una. Daba igual que fuéramos policías, militares o personas de Cruz Roja o Cepaim, la gente estaba trabajando con las personas”, Melanie recuerda a varias personas de la Cruz Roja acercándose a despedirse de las familias, una de ellas sabía farsi, cuando supo a qué ciudad iban les explicó en dónde estaba”. 

Cuenta José Luis que entre el grupo de personas había un chico que sabía algo de castellano. “Nos comunicábamos con él para transmitirle cualquier cuestión a las familias… Les comunicaba lo más importante: Nos vamos a casa”, resume Melanie. 

“Todos teníamos la necesidad de salir de allí para poder avanzar”, comenta Melanie, “avanzar en todos los sentidos. Hacía calor y la sensación que transmitían las familias, según la trabajadora social, era: Vamos a iniciar una nueva vida y tenemos ganas de llegar al destino para descansar y empezar de nuevo.

En el camino de vuelta desde Torrejón de Ardoz hacia Cataluña conforme pasaban las horas, cuenta Soukaina, las personas refugiadas se iban acercando a las trabajadoras sociales, que iban delante. “Se soltaban más. Sentí que la gente tenía muchas ganas de hablar y de ser escuchada. Desde que los vimos por primera vez hasta que llegamos aquí”.

En una de esas conversaciones un hombre y le preguntó: 

– ¿Tú de qué trabajas? 

+ Soy trabajadora social, 

– ¿Qué haces? Nunca he estado en contacto con un trabajador social… ¿Trabajas con personas como yo, como lo que soy ahora?”.

Lo más común en los procesos migratorios forzados directa o indirectamente es que se tenga un estatus menor en la jerarquía social en el lugar al que se llega que en el lugar del que se parte, porque se empieza desde cero, no hay una red social, ni de familiares ni de amistades fuerte,  por la existencia de las leyes de extranjería y por el racismo en todas sus expresiones. Estas son las circunstancias que los y las trabajadoras sociales, psicólogas y psicólogos, y demás personal de Cepaim tenían en mente en la recepción y acogida porque esta vez, además, la ruptura fue muy repentina. “Para nosotros es importante pensar en cómo vamos a acompañar esta llegada”, comenta Núria, coordinadora de uno de los centros de Cepaim que acoge a personas refugiadas afganas. 

En el camino hacia Castilla y León el autobús hizo una parada técnica en una estación de servicio en “el típico pueblo en donde para todo el mundo”, describe José Luis. Una vez fuera del autobús se acercó al grupo un par de parejas de origen iraní. Hablaron con las personas afganas recién llegadas sobre la vida en España, les dijeron que no se preocuparan, que estarían bien. 

“Para ellos fue bueno tener una conversación con alguien que entiende su idioma y más o menos la situación que están viviendo”, comenta Melanie. Para Melanie y José Luis fue una ocasión para descubrir el respaldo social y hasta “se les ofertó a bote pronto la opción de hacer un voluntariado telemático con la entidad. Me consta que la compañera que se encarga de los voluntariados en el centro está en contacto con ellas”, indica Melanie. 

La manera de proceder de todos los equipos de Cepaim en el momento de llevar a las familias y personas refugiadas fue bastante similar. Cada familia se fue con un técnico o con una técnica a su nueva casa. El cansancio era la sensación imperante. La familia que José Luis acompañó se sorprendió cuando se despidió una vez se habían instalado, “pensaban que me iba a quedar con ellos en el dispositivo. Les dije esta es vuestra casa, no os preocupéis”. 

En la conversación para la elaboración de esta crónica Hujjat preguntó si había mucha gente que se había ido de los pisos: “Cuando la gente me veía hablando castellano me pedía consejo, me preguntaba si sabía algo de Alemania, si las condiciones eran mejores allí”. 

Núria, coordinadora de un centro de Fundación Cepaim, describe que probablemente suceda lo mismo que con la llegada de personas sirias cuando decidían irse a probar suerte a otros país “Si no tienen una red de familiares, las cosas serán muy difíciles. Aquí lo que hemos intentado es infundirles mucha confianza, están en un buen lugar, realmente lo decimos mucha convicción, sobre todo cuando tienes hijos porque en un pueblo se generan relaciones muy cercanas, se facilita el contacto con otras madres y padres y además hay bastante trabajo de baja cualificación, que para los inicios puede estar bien”. 

Menciona Núria que la llegada de las familias afganas refugiadas es una oportunidad para el territorio, pues hace seis años la Comarca firmó un compromiso en el que se denominaba ‘Comarca de acogida’ pensando en las personas refugiadas. “Es un posicionamiento importante, pero la realidad es que cuando uno pregunta en qué se está materializando, en los pueblos casi nadie sabe de refugio, muchos no saben ni que estamos aquí como entidad. Así, esta es una oportunidad para las autoridades del territorio que dice que quiere comprometerse”, reivindica Núria. 

Las técnicas y las diferentes coordinaciones coinciden en que esperan que la solidaridad inmediata que han despertado las llegadas de las personas afganas refugiadas se mantengan una vez el foco mediático ya no esté sobre ellas. Además, como indica Núria, confían en que este boom mediático les ayude en su trabajo de sensibilización en los territorios, pues por ejemplo en su Comarca “Hay mucho trabajo pero hay un problema grande de acceso a la vivienda y es necesaria la sensibilización para poder diversificar la búsqueda de vivienda”. 

Ya en la tranquilidad de los que serán sus hogares entre 6 y 9 meses, tiempo en el que se desarrolla la primera fase del programa de Protección Internacional, el siguiente paso era formalizar la petición de asilo. Hasta ese momento contaban con un ‘Manifiesto de voluntad’ tramitado en la Base de Torrejón de Ardoz inmediatamente llegaron a España, que les daba 45 días de margen para materializar la petición de asilo. 

José Luis fue el abogado de acompañar en estos trámites a las familias en su centro de Castilla y León. Sus vacaciones ya habían quedado aplazadas formalmente, “para mi no ha sido ningún tipo de inconveniente o perjuicio; formar parte de esta acogida ha sido un motivo de gratitud y aprendizaje”.

El siguiente paso no es un paso, es un proceso. El proceso de aprender castellano, el acompañamiento psicológico, hacerse a los barrios, a la gente… El siguiente paso, en conclusión, es la construcción de una nueva vida que se entrelaza con la preocupación y la incertidumbre sobre la situación de las familias y amistades que se han quedado en Afganistán. La práctica totalidad de las personas que llegaron a España lo hicieron porque colaboraban con la Embajada Española o el Ejército español en Afganistán; este hecho hace que las familias y personas cercanas que se han quedado estén en peligro de sufrir persecuciones o daños más graves. 

“Quiero decir que hay cosas que la gente española no sabe sobre Afganistán. La situación en Afganistán siempre ha sido así.

No quiero que nos olvidemos de la gente que está protestando en Afganistán, están haciendo todo lo posible por tener una democracia, tener elecciones. No olvidemos a la gente que no pudo salir. Tenemos que hacer todo lo posible para que tengan una vida con más seguridad, una vida digna”
– Hujjat, joven afgano refugiado en España.